Denuncian por acoso sexual al director del Centro Cultural San Martín

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Diego Pimentel está acusado de “maltrato físico” y “acoso sexual en lugares privados de acceso público”, todo esto agravado por su condición de funcionario público. Infobae Cultura habló con una de las denunciantes y su abogada

“Acoso sexual permanente”. Así describe Anahí de la Fuente lo que vivió en el Centro Cultural San Martín. El acosador —según denuncia— es su jefe, el director de la prestigiosa institución, Diego Pimentel. Todo está redactado en la Fiscalía N° 16 especializada en violencia de género, ubicada en la calle Bartolomé Mitre, a cargo de Claudia Barcia. Anahí es maquilladora profesional, performer y comunicadora, y comenzó a trabajar en el área de Comunicación del San Martín como community manager en junio de 2017. Un año y diez meses después, en marzo de 2019, decidió decir basta. Pidió que la reubiquen, que la cambien de área, que la alejen de su acosador. No solo no ocurrió, sino que terminó despedida.

“Recuerdo uno de los primeros días —dice en diálogo telefónico con Infobae Cultura—. Este hombre llegó, éramos varios. A mí me saludó a distancia porque no me conocía. Pero a una compañera, con la que tenía más confianza, la saludó con un abrazo, a mi compañera con un beso en la frente y al varón con un beso normal. Eso me llamó la atención, pero empecé a verlo más seguido y lo naturalicé. Un día, por un festival que él organiza, hubo un cóctel de celebración y un brindis. Ahí se sentó al lado mío, conversamos y se empezó a subir de tono. Al irnos, se ofreció a llevarnos a todas, dio una vuelta bárbara para dejarme a mí a lo último y me hizo pasar adelante. De ahí en más empezó el acoso, físico y emocional. Pidió mi número y me llamaba hasta los fines de semana”.

Las llamadas empezaron a ser recurrentes. Pero solo a ella. “Se suponía que no me tenía que llamar a mí, sino a los jerárquicos de la parte de Comunicación. Nosotros éramos tres chicas y un varón, pero al varón no lo llamó jamás”, explica sobre su jefe. Arquitecto graduado en la UBA y profesor universitario en instituciones públicas como privadas, Pimentel quedó al mando del Centro Cultural San Martín en diciembre de 2015, cuando Mauricio Macri pasó de ser Jefe de Gobierno a Presidente de la Nación. Sucedió a Gabriela Ricardes que migraba a la cartera de Hernán Lombardi, el Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, lugar donde hoy permanece.

Lo que parecía una seducción torpe e incómoda se convirtió en violencia. “Me agarraba de las manos, me tiraba para atrás los brazos, como en un gesto de reducirme. Faltaba que me ponga las esposas. Nunca lo interpreté como un juego. Eso es lo que dice la gente cómplice. ¡Era mi jefe! Lo que hacía era incitar a un juego de violencia sexual, totalmente fuera de lugar. Yo me quedaba paralizada y me intentaba soltar. Me agarraba, me pellizcaba de la cintura, me abrazaba y me apoyaba. Noté que era cada vez más intenso, entonces me puse en alerta, y me dije: esto va a ser peor”.

Anahí de la Fuente (Foto: Jose Nico)

Anahí de la Fuente (Foto: Jose Nico)

Anahí de la Fuente no es la única que asegura padecer su violencia cotidiana. Su compañera laboral, que prefiere reservar su identidad, también. “Venía cada vez más baboso y con agresividad —continúa el relato—, como con violencia sexual contenida y la tiraba sobre mí. A mi compañera, por ejemplo, la agarró del cuello. Y ella le tuvo que decir: ‘¡Basta, Diego, me estás lastimando!’ Ahí recién nos soltaba y se iba en silencio y se encerraba en su oficina”.

Al volverse irrespirable la atmósfera de trabajo y al tomar conciencia de lo que estaba viviendo, se asesoró, habló con la Red de Abogadas Feministas, con Jimena Gibertoni Yamila Carballido, entonces fue por la vía legal. “En primera instancia enviamos un telegrama al Centro Cultura San Martín, al Ministerio de Cultura de la Ciudad y al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires informando sobre la situación que estaban padeciendo las chicas y pidiendo la reubicación en otras áreas”, le explica la abogada Carballido a Infobae Cultura. Esa fue la primera medida.

Al recibir esta denuncia, que hasta el momento era interna, el Ministerio de Cultura inició un sumario para que la Procuraduría —el órgano encargado— investigue. Las autoridades, en diálogo con Infobae Cultura, aseguran estar a la espera del resultado del informe para actuar según corresponda.

Esa respuesta no fue suficiente para estas mujeres que no querían estar cerca de Pimentel, que ya no lo toleraban ni un día más, entonces decidieron dejar de asistir al trabajo. Pasó apenas una semana y “recibieron una cédula firmada por él notificando la rescisión de sus contratos. Posteriormente —continúa la abogada— interpusimos recursos administrativos: uno de reconsideración ante el mismo Centro Cultural San Martín y uno jerárquico en subsidio que tramita en el Ministerio de Cultura para que se revea la decisión de la desvinculación.  Y paralelamente se realizaron las denuncias ante el Fuero Penal Contravencional y de Faltas radicadas en la Fiscalía N°16. Actualmente se encuentra en etapa de instrucción y se están produciendo las pruebas”.

La desvinculación —garantizada por la contratación precaria— fue el 13 de marzo. Entonces, ahí sí, sin más opción que ir a la Justicia, denunciaron a Diego Pimentelpor “maltrato físico” y “acoso sexual en lugares privados de acceso público”, todo esto agravado por su condición de funcionario público. La fecha de la denuncia es del 29 de marzo de 2019. “A los pocos días nuestros puestos ya estaban ocupados, y no es casualidad, por varones”, cuenta la denunciante en esta conversación telefónica con Infobae Cultura.

Centro Cultural San Martín (Foto: Street View)

Centro Cultural San Martín (Foto: Street View)

“La estrategia en un primer momento fue mantener el puesto —dice Yamila Carballido—, las fuentes laborales de las chicas, lo que no sucedió porque la primera respuesta institucional que recibimos fue la desvinculación total, y hasta ahora ya pasaron varios meses y, más allá de los carriles formales de las denuncias y de los recursos administrativos, ni el Gobierno de la Ciudad ni el Ministerio de Cultura ni el mismo Centro Cultural San Martín se comunicaron para dar alguna solución concreta en cuanto al trabajo que es el reclamo actual”.

Anahí de la Fuente y su compañera no son las únicas que han padecido a Pimentel. Hay más casos. “Tenemos conocimiento de distintas situaciones de violencia —continúa la abogada— que padecieron otras compañeras que dejaron sus puestos en el Centro Cultural o que fueron echadas por el mismo Pimentel. Incluso una de ellas, que quiere mantener reservada su identidad, salió como testigo en la causa penal. Y estamos por aportar otros testigos que acreditan, más allá de las situaciones concretas que vivieron estas dos denunciantes, que había un trato desigual con las mujeres respecto de los varones”.

“La defensa del acusado se centra en plantearlo como un conflicto laboral y que no había un contacto directo, por las funciones que desarrollaban las chicas, entre Pimentel y ellas. Pero bueno, hay bastantes pruebas en la causa incorporada que desacreditan esta estrategia de defensa. Por otro lado, el Ministerio de Cultura abrió, ante la recepción de la carta documento que se envió en primera instancia, un sumario administrativo para investigar los hechos, pero todavía no hay ninguna resolución al respecto”, concluye.

“Quería que me cambien de sección, no dejar de laburar”, concluye Anahí. Este pedido, aún se encuentra vigente. Está en manos de la Justicia, pero fundamentalmente de las autoridades del Gobierno de la Ciudad. Ella y su compañera continúan en la espera. “Queríamos que nos alejen de Pimentel por nuestra salud física y psíquica”. Desean volver a trabajar pronto y esperan no volver a cruzarlo nunca más.

Infobae.com

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