¡Vamos, Topito! Crónica del triunfazo de Londero, que se metió en octavos de Roland Garros

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Venció al francés Corentin Moutet por 2-6, 6-3, 6-4, 5-7 y 6-4. Ahora enfrentará a Rafael Nadal.

En Jesús María hay alguien que se entera de todo lo que pasa encerrado en la pieza. Es el Topo, el Topo original. Es Eduardo Londero. Se va enterando de la hazaña de su hijo sin verlo en la TV. No resiste la ansiedad de ponerse ante el televisor. Entonces Mariela, su esposa, y Milagros, su hija, le van cantando y gritando lo que hace el nene en París. Allá, el “Topito” no tiene el diminutivo: es un gigante. Es el inmenso tenista que se metió en los octavos de final en un Grand Slam.

Acá, en su casa, lloran de la emoción. Juan Ignacio, el pichón inquieto que “rompía las guindas” para que lo llevaran a jugar al tenis al club, está siendo el tenista exitoso que siempre quiso ser. Este inolvidable viernes 31 de mayo de 2019, venció al francés Corentin Moutet por la tercera ronda de Roland Garros. Por estas tierras, “Rolanga” es el “mundial”, ese torneo que ganó Gastón Gaudio en 2004 y que en la final de 2005 tuvo a otro cordobés, Mariano Puerta, como protagonista: perdió la final ante Rafael Nadal.

Luego de sacarse de encima el duelo ante el local Moutet (2-6, 6-3, 6-4, 5-7 y 6-4), ahora Londero va por la épica ante el monstruoso Nadal, el “hombre Roland Garros” que, también este viernes, dejó en el camino al belga David Goffin. El choque entre el ascendente Londero y el inoxidable Nadal será el domingo. Otro día para la historia en la vida del cordobés de 25 años.

Claro que Londero “ya está hecho” con su torneo hasta hoy, pero siempre habrá más por hacer. Incluso lo imposible. Algo que le contarán al Topo grande mientras “siga el partido” del Topito por los festejos de su mujer e hija.

Londero peleó para ganar ante una cancha en la que era visitante. Si bien lo apoyaron un puñado de argentinos, se vivió un clima de Copa Davis. Y el marco no lo superó: él superó al marco. Desde el costado de la cancha tuvo el soporte de su equipo: el entrenador Ariel Schneiter, su preparador físico Roberto Maccione y su mánager, Agustín Caceras. Con ellos se habló en todo momento. En ellos se apoyó. A ellos les festejó los puntos. A ellos les pidió ayuda para sacar adelante cada mal momento que el partido le puso por delante.

Londero arrancó atrapado, atado, y perdió el primer set 2-6. Luego, sin estar del todo suelto, pero siendo más inteligente, hizo el ajuste que hay que hacer para ganar: bajar errores no forzados para que crezcan los tiros ganadores. Lo hizo y el que entró en dramas consigo mismo fue Moutet. Así, Londero ganó el segundo (6-3) y el tercer set (6-4).

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El cuarto fue un set pesado para los dos, con puños cerrados en cada punto ganado. Con clima de Davis, se reitera. Londero con la presión de cerrar, jugó contra Moutet y contra él mismo. Perdió con los dos por 5-7.

En el quinto se reanimó y quebró en el quito juego para irse 3-2. El puño en alto de ese festejo en la cancha fue el alivio en su casa, en Jesús María. Que le quebraran al game siguiente fue un volver a sufrir. Y que volviera a quebrar Juan Ignacio fue subirse a una montaña rusa de emociones.

El partido se puso en el momento en el que a Londero se le cruzó toda la vida…

Los entrenamientos con los coachs Eduardo Suárez y Miguel Artico en Jesús María, los viajes por el país, el título en el ATP 250 en Córdoba, la vez que quiso largar el tenis, las sesiones con el psicólogo, la rigurosa dieta que hace cada día… todo eso se le cruzó en esos tres match points que se le fueron.

Y a todo él lo cruzó: le ganó a él, a Moutet y a todos sus fantasmas con ese 6-4. Se tiró al piso. Enloqueció. Y que le cuenten al Topo grande que el Topito fue un grande en París.

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