Los curtidores perdieron una protección que duró 23 años

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LA ECONOMIA QUE VIENE.Fue como consecuencia de la eliminación de las retenciones. Fuerte lobby de la industria para recuperar el régimen.

Las vacas argentinas deberían presentar una denuncia ante el INADI por discriminación. Nadie entiende bien por qué, pero desde hace décadas el cuero que las cubre se vende mucho más barato que el de las de las vacas de los Estados Unidos. Los frigoríficos locales aseguran que es por la vigencia de un histórico régimen de protección a las curtiembres, que acaba de perder vigencia en los primeros días de gobierno macrista.

Por estas horas ha recrudecido la fuerte disputa entre dos sectores involucrados en este millonario negocio: los faenadores de bovinos (que obtienen los cueros crudos o salados) y la industria curtidora (que compra dichos cueros para realizar los primeros procesos químicos). Para tener dimensión de lo que está en juego, vale decir que la Argentina faena cada año unas 12 millones de cabezas, y que de cada una de ellas se obtienen entre 25 y 45 kilos de cuero, según el peso del animal. Aquí el valor ha tenido fuertes vaivenes, pero históricamente promedió 1 dólar por kilo. En EE.UU., en cambio, los cueros se pagan siempre a más del doble. Hoy valen 2,40 dólares por kilo.

Hay diferentes explicaciones sobre semejante distorsión. Tantas que incluso las curtiembres le han llegado a echar la culpa al alambre de púa, que dañaría los cueros argentinos y les quitaría calidad. Mucho más razonable parece la queja de los faenadores, que recuerdan que en 1992, por Resolución 537, se creó un régimen de protección a la industria curtidora, que consiste en aplicar un alto arancel a la exportación de cueros crudos, salados o Wet Blue (el primer proceso de curtido), de modo de evitar que se exporten directamente sin agregado de valor. Según este posición, así los frigoríficos no tienen otras salida que venderlos a las curtiembres, las que “cartelizadas” les fijan un precio muy inferior.

Todos los gobiernos han renovado la medida que beneficia a los curtidores. Pero con la generosa eliminación de retenciones agropecuaria e industriales que acaba de impulsar Mauricio Macri, ese régimen ha perdido vigencia. Los cueros sin procesar solo han quedado con una retención de 10%, insuficiente para impedir que los frigoríficos hagan valer su posición y reclamen un mayor valor por ese subproducto de la faena bovina.

“Derógase toda normativa que se oponga a lo establecido en el presente acto”, dice el artículo 5 del reciente decreto 133. En eso se basan los faenadores para celebrar el final de este régimen que sobrevivió a tantos gobiernos. Una nota firmada por Luis Bameule, ex presidente de Quickfood y flamante “coordinador de la Cadena de las Carnes”, brindó al gobierno macrista “nuestro reconocimiento por la positiva decisión” de suspender esos aranceles que significaron “una transferencia de la agroindustria bovina y de los consumidores al sector de la curtiembre por varios miles de millones de dólares”.

La carta, dirigida a los ministros de Producción, Francisco Cabrera, y copiada a su par de Agroindustria, Ricardo Buryaile, intenta desactivar el fuerte lobby que, según otros funcionarios del equipo económico, ha desplegado por estas horas la industria del cuero para lograr que se reestablezcan esos históricos derechos de exportación.

ieco.clarin.com

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